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Sobre mí

Sobre mí

Sobre mí

Soy Carmen Soriano

Wellness Coach y terapeuta de alto rendimiento

Déjame adivinarlo…

Si has llegado hasta aquí es porque estás harta de dietas y rutinas de entrenamiento genéricas que no te dan ningún resultado. Quieres perder peso y sentirte mejor, pero lees y escuchas tanta información contradictoria a diario que no sabes ni por dónde empezar. ¡Estás totalmente infoxicada!

Seguramente estás buscando un sistema que realmente funcione para ti y que se adapte a tu exigente vida profesional y personal. Necesitas soluciones reales porque el mundo en el que tú vives (y donde vivimos la gran mayoría) no se parece en absoluto al de todas esas influencers del fitness a las que sigues en Instagram.

Te entiendo perfectamente, yo también estuve en el punto en el que estás tú ahora, aunque por aquel entonces las redes sociales aún no estaban en auge.

Soy Carmen Soriano

Wellness Coach y terapeuta de alto rendimiento

Déjame adivinarlo…

Si has llegado hasta aquí es porque estás harta de dietas y rutinas de entrenamiento genéricas que no te dan ningún resultado. Quieres perder peso y sentirte mejor, pero lees y escuchas tanta información contradictoria a diario que no sabes ni por dónde empezar. ¡Estás totalmente infoxicada!

Seguramente estás buscando un sistema que realmente funcione para ti y que se adapte a tu exigente vida profesional y personal. Necesitas soluciones reales porque el mundo en el que tú vives (y donde vivimos la gran mayoría) no se parece en absoluto al de todas esas influencers del fitness a las que sigues en Instagram.

Te entiendo perfectamente, yo también estuve en el punto en el que estás tú ahora, aunque por aquel entonces las redes sociales aún no estaban en auge.

Soy Carmen Soriano

Wellness Coach y terapeuta de alto rendimiento

Déjame adivinarlo…

Si has llegado hasta aquí es porque estás harta de dietas y rutinas de entrenamiento genéricas que no te dan ningún resultado. Quieres perder peso y sentirte mejor, pero lees y escuchas tanta información contradictoria a diario que no sabes ni por dónde empezar. ¡Estás totalmente infoxicada!

Seguramente estás buscando un sistema que realmente funcione para ti y que se adapte a tu exigente vida profesional y personal. Necesitas soluciones reales porque el mundo en el que tú vives (y donde vivimos la gran mayoría) no se parece en absoluto al de todas esas influencers del fitness a las que sigues en Instagram.

Te entiendo perfectamente, yo también estuve en el punto en el que estás tú ahora, aunque por aquel entonces las redes sociales aún no estaban en auge.

Déjame adivinarlo…

Si has llegado hasta aquí es porque estás harta de dietas y rutinas de entrenamiento genéricas que no te dan ningún resultado. Quieres perder peso y sentirte mejor, pero lees y escuchas tanta información contradictoria a diario que no sabes ni por dónde empezar. ¡Estás totalmente infoxicada!

Seguramente estás buscando un sistema que realmente funcione para ti y que se adapte a tu exigente vida profesional y personal. Necesitas soluciones reales porque el mundo en el que tú vives (y donde vivimos la gran mayoría) no se parece en absoluto al de todas esas influencers del fitness a las que sigues en Instagram.

Te entiendo perfectamente, yo también estuve en el punto en el que estás tú ahora, aunque por aquel entonces las redes sociales aún no estaban en auge.

Esta es mi historia

Puede que te sorprenda, pero pasé años tratando de perder peso fracasando estrepitosamente cada vez que lo intentaba. Los que tenían que haber sido los mejores años de mi vida fueron un tormento de dietas y autodestrucción.  Daba igual lo que hiciera siempre volvía al punto de partida y vivía frustrada, cabreada y en un constante estado de ansiedad. No me gustaba nada lo que veía cada día en el espejo, tenía muchos complejos, hasta tal punto que pasaba los veranos asfixiada porque me daba vergüenza llevar pantalones cortos. Cuando iba a la playa o la piscina me plantaba la toalla en modo pareo y no había quién me la quitara, ¡Ni me metía al agua para evitarlo!

Mi autoestima estaba por los suelos y eso se reflejaba en mi día a día, con mi pareja, con mi trabajo, incluso con mis amigos.

Esa falta de autoestima y confianza en mí misma hizo que me aferrase a trabajos que odiaba, relaciones tóxicas e incluso a «amigos» que ni siquiera me caían bien. ¿Y todo esto por qué? Porque en lo más profundo de mí había una molesta vocecita que me decía constantemente que no merecía nada mejor.

Y entonces toqué fondo, me di cuenta de lo insatisfecha que estaba no solo con mi cuerpo, sino con mi vida.

Había perdido mi trabajo y me sentía atrapada en una relación que no me hacía feliz, así que decidí tomar de una vez por todas las riendas de mi cuerpo y de mi vida.

Volví a estudiar y por primera vez en mi vida me olvidé de las salidas laborales, o de lo que se esperaba de mí y decidí hacer algo que realmente me aportara algo positivo a mí.

Comencé mis estudios de dietética y nutrición experimentando los primeros cambios en mi cuerpo y empecé a ser consciente de muchas de las cosas que había estado haciendo mal hasta entonces, aunque aún me quedaba mucho camino por recorrer.

Esta es mi historia

Puede que te sorprenda, pero pasé años tratando de perder peso fracasando estrepitosamente cada vez que lo intentaba. Los que tenían que haber sido los mejores años de mi vida fueron un tormento de dietas y autodestrucción.  Daba igual lo que hiciera siempre volvía al punto de partida y vivía frustrada, cabreada y en un constante estado de ansiedad. No me gustaba nada lo que veía cada día en el espejo, tenía muchos complejos, hasta tal punto que pasaba los veranos asfixiada porque me daba vergüenza llevar pantalones cortos. Cuando iba a la playa o la piscina me plantaba la toalla en modo pareo y no había quién me la quitara, ¡Ni me metía al agua para evitarlo!

Mi autoestima estaba por los suelos y eso se reflejaba en mi día a día, con mi pareja, con mi trabajo, incluso con mis amigos.

Esa falta de autoestima y confianza en mí misma hizo que me aferrase a trabajos que odiaba, relaciones tóxicas e incluso a «amigos» que ni siquiera me caían bien. ¿Y todo esto por qué? Porque en lo más profundo de mí había una molesta vocecita que me decía constantemente que no merecía nada mejor.

Y entonces toqué fondo, me di cuenta de lo insatisfecha que estaba no solo con mi cuerpo, sino con mi vida.

Había perdido mi trabajo y me sentía atrapada en una relación que no me hacía feliz, así que decidí tomar de una vez por todas las riendas de mi cuerpo y de mi vida.

Volví a estudiar y por primera vez en mi vida me olvidé de las salidas laborales, o de lo que se esperaba de mí y decidí hacer algo que realmente me aportara algo positivo a mí.

Comencé mis estudios de dietética y nutrición experimentando los primeros cambios en mi cuerpo y empecé a ser consciente de muchas de las cosas que había estado haciendo mal hasta entonces, aunque aún me quedaba mucho camino por recorrer.

Esta es mi historia

Puede que te sorprenda, pero pasé años tratando de perder peso fracasando estrepitosamente cada vez que lo intentaba. Los que tenían que haber sido los mejores años de mi vida fueron un tormento de dietas y autodestrucción.  Daba igual lo que hiciera siempre volvía al punto de partida y vivía frustrada, cabreada y en un constante estado de ansiedad. No me gustaba nada lo que veía cada día en el espejo, tenía muchos complejos, hasta tal punto que pasaba los veranos asfixiada porque me daba vergüenza llevar pantalones cortos. Cuando iba a la playa o la piscina me plantaba la toalla en modo pareo y no había quién me la quitara, ¡Ni me metía al agua para evitarlo!

Mi autoestima estaba por los suelos y eso se reflejaba en mi día a día, con mi pareja, con mi trabajo, incluso con mis amigos.

Esa falta de autoestima y confianza en mí misma hizo que me aferrase a trabajos que odiaba, relaciones tóxicas e incluso a «amigos» que ni siquiera me caían bien. 

¿Y todo esto por qué? Porque en lo más profundo de mí había una molesta vocecita que me decía constantemente que no merecía nada mejor.

Y entonces toqué fondo, me di cuenta de lo insatisfecha que estaba no solo con mi cuerpo, sino con mi vida.

Había perdido mi trabajo y me sentía atrapada en una relación que no me hacía feliz, así que decidí tomar de una vez por todas las riendas de mi cuerpo y de mi vida.

Volví a estudiar y por primera vez en mi vida me olvidé de las salidas laborales, o de lo que se esperaba de mí y decidí hacer algo que realmente me aportara algo positivo a mí.

Comencé mis estudios de dietética y nutrición experimentando los primeros cambios en mi cuerpo y empecé a ser consciente de muchas de las cosas que había estado haciendo mal hasta entonces, aunque aún me quedaba mucho camino por recorrer.

En cuanto terminé los estudios y vi el panorama que había en los centros de nutrición me lancé de cabeza a emprender. Lo último que quería en esta vida era que un jefe me obligase a someter a nadie al mismo tormento de dietas al que yo había estado sometida.

Junto con mi compañera María me embarqué en un proyecto muy ambicioso en el que pretendíamos cambiar la mentalidad de dieta y también un poquito el mundo, abriendo la primera asesoría de educación alimentaria en Madrid.  Poco a poco me di cuenta de que cambiar la alimentación no era suficiente, a ese banco le seguían faltando patas, así que decidí adentrarme en el mundo del entrenamiento sin pensármelo dos veces.

Te confieso que nuestro proyecto no prosperó. Aunque ayudábamos cada día a muchísima gente a integrar hábitos saludables en su día a día, no teníamos ni la más remota idea de gestionar una empresa sin que pasara factura a nuestra propia salud y vida personal. El balance anual de mi primer año de emprendimiento se saldó con 8 kg más, dolor lumbar crónico, insomnio, los mayores niveles de ansiedad de mi vida, un divorcio y la disolución de la empresa. No podía más.

Con esa espinita clavada tuve que aceptar que, al menos de momento, no me quedaba más remedio que volver al mercado laboral y tener un jefe al que odiar. En esta nueva etapa de mi vida compaginé un aburridísimo trabajo de oficina de 8 a 3 con algunas horas de consultas y entrenamientos personales, mientras me formaba incansablemente. Fue entonces cuando descubrí el Coaching y verdaderamente me cambió la vida.

Gracias al proceso de coaching comencé a comer sano y a entrenar, no porque tuviera miedo a engordar, sino porque disfrutaba haciéndolo. Aprendí a quererme y aceptarme y pude al fin encontrar el equilibrio para conciliar mi vida profesional y personal con hábitos de autocuidado duraderos.

En 2017 decidí emprender nuevamente sintiéndome física y emocionalmente mejor que nunca y teniendo muy clara mi misión en la vida: ayudar a mujeres súper ocupadas a encontrar el camino hacia su bienestar físico y emocional.

En cuanto terminé los estudios y vi el panorama que había en los centros de nutrición me lancé de cabeza a emprender. Lo último que quería en esta vida era que un jefe me obligase a someter a nadie al mismo tormento de dietas al que yo había estado sometida.

Junto con mi compañera María me embarqué en un proyecto muy ambicioso en el que pretendíamos cambiar la mentalidad de dieta y también un poquito el mundo, abriendo la primera asesoría de educación alimentaria en Madrid.  Poco a poco me di cuenta de que cambiar la alimentación no era suficiente, a ese banco le seguían faltando patas, así que decidí adentrarme en el mundo del entrenamiento sin pensármelo dos veces.

Te confieso que nuestro proyecto no prosperó. Aunque ayudábamos cada día a muchísima gente a integrar hábitos saludables en su día a día, no teníamos ni la más remota idea de gestionar una empresa sin que pasara factura a nuestra propia salud y vida personal. El balance anual de mi primer año de emprendimiento se saldó con 8 kg más, dolor lumbar crónico, insomnio, los mayores niveles de ansiedad de mi vida, un divorcio y la disolución de la empresa. No podía más.

Con esa espinita clavada tuve que aceptar que, al menos de momento, no me quedaba más remedio que volver al mercado laboral y tener un jefe al que odiar. En esta nueva etapa de mi vida compaginé un aburridísimo trabajo de oficina de 8 a 3 con algunas horas de consultas y entrenamientos personales, mientras me formaba incansablemente. Fue entonces cuando descubrí el Coaching y verdaderamente me cambió la vida.

Gracias al proceso de coaching comencé a comer sano y a entrenar, no porque tuviera miedo a engordar, sino porque disfrutaba haciéndolo. Aprendí a quererme y aceptarme y pude al fin encontrar el equilibrio para conciliar mi vida profesional y personal con hábitos de autocuidado duraderos.

En 2017 decidí emprender nuevamente sintiéndome física y emocionalmente mejor que nunca y teniendo muy clara mi misión en la vida: ayudar a mujeres súper ocupadas a encontrar el camino hacia su bienestar físico y emocional.

En cuanto terminé los estudios y vi el panorama que había en los centros de nutrición me lancé de cabeza a emprender. Lo último que quería en esta vida era que un jefe me obligase a someter a nadie al mismo tormento de dietas al que yo había estado sometida.

Junto con mi compañera María me embarqué en un proyecto muy ambicioso en el que pretendíamos cambiar la mentalidad de dieta y también un poquito el mundo, abriendo la primera asesoría de educación alimentaria en Madrid.  Poco a poco me di cuenta de que cambiar la alimentación no era suficiente, a ese banco le seguían faltando patas, así que decidí adentrarme en el mundo del entrenamiento sin pensármelo dos veces.

Te confieso que nuestro proyecto no prosperó. Aunque ayudábamos cada día a muchísima gente a integrar hábitos saludables en su día a día, no teníamos ni la más remota idea de gestionar una empresa sin que pasara factura a nuestra propia salud y vida personal. El balance anual de mi primer año de emprendimiento se saldó con 8 kg más, dolor lumbar crónico, insomnio, los mayores niveles de ansiedad de mi vida, un divorcio y la disolución de la empresa. No podía más.

Con esa espinita clavada tuve que aceptar que, al menos de momento, no me quedaba más remedio que volver al mercado laboral y tener un jefe al que odiar. En esta nueva etapa de mi vida compaginé un aburridísimo trabajo de oficina de 8 a 3 con algunas horas de consultas y entrenamientos personales, mientras me formaba incansablemente. Fue entonces cuando descubrí el Coaching y verdaderamente me cambió la vida.

Gracias al proceso de coaching comencé a comer sano y a entrenar, no porque tuviera miedo a engordar, sino porque disfrutaba haciéndolo. Aprendí a quererme y aceptarme y pude al fin encontrar el equilibrio para conciliar mi vida profesional y personal con hábitos de autocuidado duraderos.

En 2017 decidí emprender nuevamente sintiéndome física y emocionalmente mejor que nunca y teniendo muy clara mi misión en la vida: ayudar a mujeres súper ocupadas a encontrar el camino hacia su bienestar físico y emocional.

MI LEMA: MEJOR HECHO QUE PERFECTO

¿Quieres un cambio definitivo en tu cuerpo y en tu vida?

MI LEMA: MEJOR HECHO QUE PERFECTO

¿Quieres un cambio definitivo en tu cuerpo y en tu vida?

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¿Quieres un cambio definitivo en tu cuerpo y en tu vida?

Algunas cosas más sobre mí

Algunas cosas más sobre mí

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Algunos secretos inconfesables

Soy adicta a la leche con galletas, si empiezo me cuesta mucho parar, se despierta mi monstruo de la ansiedad. ¿Mi solución? La más fácil de todas, las galletas se quedan en la estantería del súper.

Me encanta comer y mi pareja me conquistó regalándome un tupper de croquetas.

En el colegio odiaba las clases de gimnasia, y siempre que podía me escaqueaba. Mi mayor acercamiento al deporte durante mi etapa escolar fue formar parte del equipo de voleibol, aunque lo único que hacía era chupar banquillo.

Con estos antecedentes no te sorprenderá que te cuente que nunca aprendí a hacer el pino o que suspendí gimnasia en 5º de EGB o que es muy raro que haga un entrenamiento de más de 30 minutos.

Algunos secretos inconfesables

Soy adicta a la leche con galletas, si empiezo me cuesta mucho parar, se despierta mi monstruo de la ansiedad. ¿Mi solución? La más fácil de todas, las galletas se quedan en la estantería del súper.

Me encanta comer y mi pareja me conquistó regalándome un tupper de croquetas.

En el colegio odiaba las clases de gimnasia, y siempre que podía me escaqueaba. Mi mayor acercamiento al deporte durante mi etapa escolar fue formar parte del equipo de voleibol, aunque lo único que hacía era chupar banquillo.

Con estos antecedentes no te sorprenderá que te cuente que nunca aprendí a hacer el pino o que suspendí gimnasia en 5º de EGB o que es muy raro que haga un entrenamiento de más de 30 minutos.

Algunos secretos inconfesables

Soy adicta a la leche con galletas, si empiezo me cuesta mucho parar, se despierta mi monstruo de la ansiedad. ¿Mi solución? La más fácil de todas, las galletas se quedan en la estantería del súper.

Me encanta comer y mi pareja me conquistó regalándome un tupper de croquetas.

En el colegio odiaba las clases de gimnasia, y siempre que podía me escaqueaba. Mi mayor acercamiento al deporte durante mi etapa escolar fue formar parte del equipo de voleibol, aunque lo único que hacía era chupar banquillo.

Con estos antecedentes no te sorprenderá que te cuente que nunca aprendí a hacer el pino o que suspendí gimnasia en 5º de EGB o que es muy raro que haga un entrenamiento de más de 30 minutos.

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